Archivo para viaje

Crónica de mis 10 horas en una terminal del interior

Posted in Esas cosas que yo escribo, Textos with tags , , , , , , , on 8 febrero, 2014 by Remy Blas

Sábado 1 de febrero

Después de una semana de vacaciones en Reta, tengo que viajar a Pinamar para pasar ahí otra semana de vacaciones. Parece simple pero durante ese día, casi nada sale como estaba planeado.

14:00 Acalorado y cargado con valija, mochila y termo, subo a la combi “La Primera Dorreguense” para marcharme de mi amado Balneario Reta, rumbo a Tres Arroyos y eventualmente, tras un viaje en micro, a Pinamar, donde comienza mi segunda semana de vacaciones.

15:00 La combi se detiene en las afueras de Copetonas y un micro para delante. Yo pensaba que la combi iba directo a Tres Arroyos, así que, desinformado de ese transbordo obligatorio, junto rápidamente mis cosas y paso de un vehículo a otro, dándome cuenta demasiado tarde que mis lentes de sol quedaron atrás, abandonados.

15:30 Llego a la terminal de Tres Arroyos, me instalo en un asiento, saco mi libro y me dispongo a soportar la que yo consideraba hasta ese momento como una larga espera, hasta la partida del micro a las 18:20.

17:00 Un par de sanguches de miga y una gaseosa componen un almuerzo tardio/merienda. Sigo leyendo y esperando.

18:00 Salgo al sector de los andenes a esperar la llegada del micro.

19:00 La tardanza del micro empieza a pasar de leve irritación a creciente preocupación.

19:40 Después de más de una hora de retraso, voy a la boletería de la empresa Rio Paraná a consultar si tanto retraso era normal. Me informan que ese micro ya pasó. Le digo que yo estoy ahí desde antes de las 4 de la tarde así que es imposible que haya pasado sin que lo vea. Insiste en que ya pasó. Yo insisto en que no. La discusión se pone tensa. No llegamos a nada. Pido un reembolso al menos y me niegan incluso eso. Tomo aire y contengo los impulsos de mi creciente ira. Averiguo en otra boletería precio y horario para otro micro a Pinamar. Es bastante más caro que el que ya perdí. Sale a la 1:30. Dudo. Me doy cuenta que no tengo otra opción. Compro.

20:00 Mi “larga” espera de 3 hs ahora se convirtió en una espera de 10 horas, de las que me quedan 5 y media por delante. Lucho por superar una rabia asesina y me pongo a analizar las opciones. Con bolso, mochila y termo no estoy en condiciones de salir a pasear cómodamente por Tres Arroyos, ni estoy de ánimo. Para colmo la batería de mi celular está por agotarse. Encuentro un enchufe, conecto el cargador y “acampo” en ese rincón.

21:00 Sigo acampado en mi rincón, ya descalzo y algo cómodo, y bastante más calmo después de que la bronca se enfriara un poco.

22:00 El micro que va de Reta a Buenos Aires para por unos minutos en la terminal de Tres Arroyos. Mi amigo Pato baja, le cuento mi situación y nos sentamos a tomar un café con leche. Después él vuelve a su micro y reanuda su viaje.

23:00 Instalado de vuelta en una silla del bar de la terminal, continuo mi rutina de lectura y espera. Mientras tanto, llamo mi compañía de celular para averiguar por que mi crédito se consume solo, aunque no lo use, y consigo dar de baja uno de esos planes de mensajes que sólo sirven para drenar el saldo. Una buena al menos.

0:00 Me avisan que el bar va a cerrar así que junto mis cosas y mudo mi improvisado campamento nómade al otro extremo de la terminal.

1:00 Termino de leer otro alucinante capítulo de A dance with dragons, de George R.R. Martin. En mi larga estadía en esa terminal adelante bastante del libro.

1:30 Llega el micro, despacho la valija y subo al sauna móvil de gente roncando en un ambiente de altos niveles de humedad y olor a encierro. El improvisado número 35 que me dieron resulta corresponder a un asiento de pasillo, donde un tipo duerme plácidamente. Asumiendo que el pobre idiota no sabe interpretar el significado de una P o una V junto al número del asiento, me dispongo a pasar al asiento 36, ventana, para lo que de todas formas tengo que despertarlo y pedirle permiso, tarea que resulta ser más difícil de lo que parecía.

2:00 Sucumbo al agotamiento y me entrego a los brazos de Morfeo, a un sueño incómodo e interrumpido, despertando ocasionalmente con sorpresa ante los bamboleos violentos del micro que parece a punto de volcar en cualquier momento. O a lo mejor es que yo ya espero cualquier cosa a esta altura.

5:00 Mar del Plata. Un chofer despierta al señor del asiento de al lado para recordarle que ya tiene que bajar. Mientras el micro sigue en marcha esperando en la terminal quien sabe a qué o quién para reanudar el viaje, aprovecho el asiento libre de la lado y me acomodo un poco mejor para seguir durmiendo.

7:00 Villa Gesell. Una señora ocupa el asiento vacante al lado mío así que tengo que volver a mi pose cuasi claustrofóbica. Aviso a mi amigo Gustavo por donde estoy, así me busca en la terminal.

8:00 Al fin, después de 18 hs de haber salido de Reta, llego a Pinamar.

9:00 Cama. Una cama de verdad, con colchón y almohada. Me desplomo sabiendo que no me queda mucho tiempo hasta que los demás se levanten, pero me dispongo a que al menos en un rato de descanso mis vértebras intenten acomodarse en su lugar tradicional.

Y así, al fin, termina por ahora mi odisea.

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El barco y la tormenta

Posted in Esas cosas que yo escribo, Textos with tags , , , , on 29 junio, 2013 by Remy Blas

El barco se deslizaba suavemente sobre aguas tranquilas y cristalinas. Todo iba bien y no podía quejarme, mi mano en el timón guiaba la nave con destreza y estaba orgulloso de mi éxito. Aunque habían ocasionales turbulencias, el viaje iba cada vez mejor. No podía quejarme.

Entonces levanté la vista y vi la primer nube. No me preocupé demasiado. El viento estaba a favor y el cielo despejado, una simple nube oscura no iba a influir en mi viaje. Sentí que la velocidad disminuía, pero no era un contratiempo tan grande, el barco seguía yendo hacia adelante con fuerza. Y aquella segunda nube no era nada de lo que preocuparse.

Comprendí la magnitud del peligro cuando un rayo cayó con fuerza en mi embarcación, partiendo el mástil principal al medio. El barco se agitó con fuerza y se desvió del trayecto. Me aferré al timón con todas mis fuerzas, tratando de devolverlo a su rumbo, pero no pude controlarlo.

La tormenta se había desatado de un momento al otro a mi alrededor sin darme tiempo a prepararme, y mi embarcación se caía a pedazos. Demasiado confiado por la calma en que mi viaje se estaba desarrollando, olvidé cómo conducir en medio de aquel peligro, y no sabía que hacer. Intenté por todos los medios salir de aquella situación, pero mis intentos eran infructuosos y parecían incluso llevarme hacia la peor parte de la tormenta, poniéndome en un peligro cada vez mayor.

El miedo me paralizaba pero mi orgullo me impedía soltar el timón. Testarudo, todavía quería guiar el barco esperando salvarlo. Yo, que lo había metido en medio de aquella catástrofe; yo, que no sabía cómo salir de la tormenta; yo, que no era más que un capitán de aguas calmas y tranquilas.

“¿Capitán?” me dije a mí mismo en un repentino momento de claridad mental. “Este puede ser tu barco pero no sabés conducirlo, ni conoces el camino. Dale el timón al verdadero Capitán.”

Me di vuelta y vi que ahí estaba Él, tranquilo y sonriente, calmo en medio de aquel desastre. No había dicho nada, observándome en silencio, esperando a que yo me diera cuenta de mi error, esperando a que soltara el timón y le dejará tomar control de mi embarcación. Sin juzgarme, sin presionarme y sin regañarme, porque sabía que no importa que tan profundo en la tormenta yo guiara el barco, Él podía sacarlo y llevarlo a salvo.

Comprendí mi increíble arrogancia al creer que yo podía guiar mi barco y olvidar que era el Capitán el único que podía llevarlo a su destino. Humilde, solté el timón dando un paso al costado y dejé que Él tomara el control.

Noche de texto

Posted in Esas cosas que yo escribo, Textos with tags , , , , , , , , , , , , , , on 16 enero, 2010 by Remy Blas

Tengo ganas de escribir. ¿Qué? Algo. No sé. Escribir. Será que estuve releyendo algunas cosas que había escrito anteriormente, será alguna especie de inspiración espontánea, será el efecto de la noche sobre mi creatividad y mis sentidos… Tan inexplicable como irrelevante.

Y buscando en los retorcidos recovecos de mi mente lo primero que encuentro y no tiene sabor de repetido es algo que quería escribir hace unos días pero surgió durante mi horario laboral en medio de una semana de caos y actividad constante, donde llegué incluso a lograr una nueva marca personal con quince horas seguidas en la oficina y con unos cuantos días de mucho trabajo con escasos, escasísimos momentos de ocio. Y ahora se fue la idea. Y aunque recuerdo el tema, no siento la motivación para hablar de eso ahora, el pensamiento se enfrió demasiado en mi mente. Quizá otro día, si vuelve a tener relevancia.

Así que he aquí ciertos pensamientos inconexos:

Lo que daría en este momento por tener una pileta, y estar flotando en el agua fría, con la mirada en el cielo oscuro, en total silencio y calma disfrutando de su frescura.

Me resulta curioso pensar que me espera por delante un fin de semana que preveo familiarmente inactivo, y lo curioso es descubrir que ultimamente reactivé lo suficiente mi vida social y salí lo suficiente de la rutina como para que un fin de semana carente de planes y con altas probabilidades de soledad y aburrimiento, me resulte algo que hacía tiempo no experimentaba, al contrario de lo que durante mucho tiempo en este sedentario y rutinario 2009 parecía ser tristemente cotidiano para mi. Otro dato curioso, de no haber hecho un cambio radical a mis planes y mi agenda, en este momento no estaría acá sino en un omnibus de larga distancia probablemente durmiendo, en pleno viaje hacia una ciudad costera para pasar una semana de vacaciones en compañía de amigos. Aunque de ser así no dudo de que parte de mi no podría borrar los nervios y la incomodidad de haber dejado trabajos pendientes y asuntos sin cerrar. Así que en vez de eso estoy acá, atando cabos sueltos para poder realizar dicho viaje dentro de algunos días pero disfrutando de la paz de haber cumplido con todas mis responsabilidades y sin ninguna carga psicológica que me arruine el placer vacacional.

Debería empezar a pensar en ponerme en campaña para concretar algunas de mis resoluciones para este nuevo año. Por ejemplo comenzar clases de bajo, o empezar a ir otra vez al gimnasio y/o a natación y/o a correr y el reciente proyecto de clases de inglés para tener algún tipo de documento que resplde mis conocimientos del lenguaje. O terminar mi carrera. Tengo que inscribirme a esa última materia, no sé cuándo abrirá la inscripción pero me parece que sería prudente averiguar lo antes posible.

Es triste ver gente sufriendo, querer hacer algo para consolarlos y no saber qué. Pero es bueno cuando esa gente sabe llevar adelante con una fortaleza interna admirable sus pruebas y tienen incluso la voluntad de apreciar y agradecer los gestos de apoyo que uno les brinda.

Hoy escribí algo en mis notas de facebook, algo que no suelo hacer porque FB automáticamente copia por orden mía lo escrito en este blog así que no gasto mis energías en escribir algo ahí, pero me pareció interesante copiar una nota acerca de una pareja de Turquía que hace 90 años que están casados. Dos ancianos de 112 y 110 años que todavía siguen amándose después de haber vivido la caida del Imperio Otomano y las dos guerras mundiales. Dos personas que vieron pasar un siglo entero, que dieron vida a una familia numerosa y siguen juntos después de 90 años de matrimonio. Si eso no es amor verdadero, no sé qué es el amor. Probablemente copie la nota también a mi otro blog…

Suficiente por hoy, necesidades literarias satisfechas. Hasta pronto, mis lectores y lamento la probablemente nada interesante descarga mental que acaban de leer si han llegado hasta este último párrafo.

Deja Vu: En su pequeño mundo de amor sincero

Posted in Esas cosas que yo escribo, Textos with tags , , , , , , , , , , on 23 septiembre, 2009 by Remy Blas

¿Cuántas posibilidades hay de cruzarse con la misma pareja en el mismo autobus? Posiblemente muchas en realidad si los viajes se realizan en un horario rutinario, pero este no es el caso. De cualquier manera mis musas volvieron a cruzarse en mi camino, ignorantes aún del efecto inspirador de su romance. Todavía juntos, todavía amándose. Todo el tiempo sin despegar la vista del otro, hablando en susurros, aislados… aparentemente felices. ¿Envidiables? Tal vez. No fue realmente la emoción más potente que me produjeron. No es un momento de mi vida en que quisiera estar en una situación así. Alguna vez lo deseé, alguna vez lo viví, alguna vez lo desprecié y alguna vez volveré a desearlo, quizás. Por ahora solo me detengo en el hecho de comprobar una vez más cómo el mundo es un pañuelo. Por favor abstenerse de los chistes acerca de mocos.

En su pequeño mundo de amor sincero

Posted in Esas cosas que yo escribo, Textos with tags , , , , , , , , , on 8 septiembre, 2009 by Remy Blas

Las circustancias me llevaron a ser espectador de su pequeño mundo privado. Aquel amor, aquella paz interna, esa felicidad que irradiaban. Por la sonrisa de ella, por el aspecto relajado y cómodo de él, incluso en dos asientos de autobús en una noche lluviosa. El mundo no existía para ellos más allá de los límites de su apartada realidad momentánea. No pude dejar de notar el aura de paz que los rodeaba y cuyo brillo me acariciaba con su cercanía. Y aquello que debió resultarme empalagoso y desagradable hasta que vibren mis colmillos me produjo una extraña empatía cercana al bienestar. Sentí una sana envidia cargada del deseo de que pudieran ser tan felices como en aquel momento, por desconocidos que me resultaran. Aquella sonrisa femenina era una de esas sonrisas sinceras que jamás deberían ocultársele al mundo. Aquel bienestar en él al mirarla a los ojos debió ser de esas sensaciones que nada puede reemplazar.

Y no pude evitar pensar en cómo ciertas personas creen necesitar de alguien más para sentirse completas inutilmente, pero hay quienes parecen encontrar su perfecto complemento y no buscan más, no esperan cambios ni ambicionan con grandeza, sino que disfrutan lo que tienen, a quien tienen, e irradian su felicidad contagiosa.

Otros estamos hechos como seres solitarios pero eso no quita que haya podido disfrutar de mi papel de espectador de la vida humana y al descender de vuelta al mundo, de mi rostro en sombras, cubierto por una capucha, una sonrisa se haya escapado en aquella noche lluviosa, contagiado por esa felicidad ajena, por ese amor sincero.