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Picaflores sociales

Posted in Esas cosas que yo escribo, Textos with tags , , , , on 18 febrero, 2014 by Remy Blas

Hoy en una breve conversación con alguien (y ahí está el quid de la cuestión, en la brevedad de nuestra interacción), recordé qué era lo que me irritaba y por qué nunca soy el que inicia las charlas con dicha persona. Es una de esas personas con menos capacidad de atención que un bebé recién nacido. Es una persona que viene a hablarte con todo el entusiasmo de alguien que aparenta ser muy sociable, pero que en el momento que uno empieza a responderle, su atención comienza a disminuir y dispersarse. Y en cuestión de minutos, o incluso segundos, después de sutilmente empezar a mirar alrededor, se aleja, o se distrae con algo, o empieza a hablarle a alguien más. Y me deja hablando solo como un idiota.

Quizá la persona que inspiró que escriba esto es un caso excepcional, exagerado, de esta condición, pero estoy seguro que no es la única. Debe haber otras personas con esa poca capacidad de atención a lo que otros dicen, incluso cuando les están respondiendo a lo que ellos mismos preguntaron, o en una conversación que ellos iniciaron. Incapaces quizá de participar en una conversación que dure más de dos minutos, tal vez cinco con suerte; incapaces de mantener su atención en una sola persona.

Tal vez sea que no les importa nada que los demás digan si no tiene que ver con ellos, y es una forma de orgullo, o vanidad. O tal vez simplemente sea la forma de ser de esos “picaflores sociales”.

Soy simple

Posted in Esas cosas que yo escribo, Textos with tags , , , , , , , , , , on 7 mayo, 2010 by Remy Blas

Yo soy simple.

Si tengo algo que decir, lo digo; si no tengo nada para decir, me quedo callado.

Si me equivoco lo reconozco y trato de aprender del error, pero si estoy convencido de algo, lo defiendo a muerte.

Tengo mis creencias y convicciones y nada me las va a hacer cambiar. Lo mismo con mis ideales, mis principios y mis sueños.

Reconozco que tengo mucho que aprender y cambio, como todos, como todo cambia. En ciertos aspectos, y en otros me mantengo el mismo. Sé qué es lo que cambia en mí y sé qué es lo que nunca cambiaría, porque me mantengo en movimiento pero no me dejo llevar por la corriente, tengo aquellos detalles que mantienen anclada mi esencia.

Cuando sigo que soy simple no digo que sea superficial. Me considero profundo, reflexivo y algo intelectual, me enferma la estupidez y la mediocridad, pero soy sencillo y si puedo, no me complico sin sentido. No soy orgulloso pero me valoro, no soy estúpido pero sí soy humilde. Trato de ser equilibrado. Cuesta, pero se puede.Y trato de aprender, no me cierro pero conozco mis límites.

Si tengo un problema, busco una solución, si no la encuentro, pido ayuda o espero, pero no desespero. No le veo sentido a enfermarme por algo que no tiene solución, mucho menos por algo que sí la tiene.

Si quiero algo, intento conseguirlo (y suelo tener éxito, excepto en ciertos ámbitos de mi vida). Si algo no me interesa, no pierdo el sueño por cumplir expectativas sociales o ajenas.

Soy conciente que vivo en una sociedad, no me aislo pero no me dejo llevar por modas sin sentido, tribus sin principios y gente sin escrúpulos ni buenas intenciones.

La vida no es difícil, no es complicada, no le falta un sentido ni le sobran problemas, la vida es sencilla. Es la gente la complicada. Y yo trato de ser simple.

La ignorancia de nuestros caminos cruzados

Posted in Esas cosas que yo escribo, Textos with tags , , , , , , , , , , on 9 diciembre, 2009 by Remy Blas

Cuantos de nosotros desconocemos nuestra capacidad para afectar la vida de otros. Yo mismo ignoro cuántas vidas cambié, momentanea o permanentemente, cuánto afecté a tal o cual persona con mis palabras o actos, qué trascendencia tuvieron mis decisiones, no tanto en mi vida como en la de quienes me rodean. Y me pregunto si esas personas que alguna vez cambiaron el rumbo de mi vida, que me movieron el piso de una u otra manera, sea buena o mala, incluso neutral, sabrán que lo hicieron o cuánto poder tuvieron en mí. Asumo de algunas de esas personas que marcaron un antes y un después, por insignificante que haya sido su influencia, sabrán que lo hicieron, pero tantas otras pasaron por mi vida sin saber que lo habían hecho, sin ser conscientes de que estaban torciendo el rumbo de la vida de alguien. Y eso me lleva a pensar que es más que probable que yo también haya afectado la vida de alguien sin saberlo.

Es que a vece es tan inesperado, tan impredecible. Tanto el descubrir la importancia de uno mismo en la vida de otros, en alguna sorpresiva confesión amorosa, en el relato de alguien a quien una conversación disuadió de un triste intento de quitarse la vida, como darse cuenta que alguien pasó por la vida de uno, llegando de forma inesperada y quizá desaspareciendo con la misma fugacidad, pero dejando una marca en la memoria, y tomar consciencia de que ese alguien quizá nunca sepa cuánto nos movió los cimientos de la existencia.

Días activos

Posted in Esas cosas que yo escribo, Textos with tags , , , , , , , , , , , , , , , on 25 julio, 2009 by Remy Blas

Adhiriendo a lo dicho recientemente bajo el título de Pequeños Placeres, quiero compartir por el simple hecho de hacerlo y sin ningún fin, y posiblemente convirtiendo a este en un post completamente inútil para la mayoría de los lectores, una reflexión personal que podría considerarse el fruto de mis  descubrimientos sobre mi propia personalidad, mi carácter y mi filosofía de vida en constante progreso y desarrollo.

¿Conocen esa alegoría de la conciencie en que un pequeño ángel en un hombro presenta su opinión la cual es contrarrestada por el demonio de igual tamaño que se ubica en el hombro opuesto? En mi caso, creo que tengo un batallón de demonios de un lado haciendo una fiesta mientras algún que otro de sus miembros se pasa al hombro opuesto para amordazar al pobre angelito. Quizá eso tenga algún tipo de influencia en mis frecuentes dolores de espalda, pero no es el punto que quiero tocar.

Uno de los tantos caminos por el que ese lado oscuro de mi conciencia intenta llevarme es el que consiste en la inactividad, el sedentarismo y la reclusión antisocial. Todo eso excusado bajo el fundamento de la vagancia y la ley del mínimo esfuerzo. Cuando hay una oportunidad de salir, las pocas ganas entran en juego. Cuando puedo o debo hacer algo productivo, la vagancia me lleva hacia la total inactividad. Cuando puedo tener un día completo y productivo, muchas veces resulta ser un deprimente día desperdiciado.

Y descubrí que no hay nada tan estimulantemente optimista como aprovechar bien el tiempo, que la inactividad es un factor predominante entre los generadores de mal humor y que el mejor día es un día ocupado y activo hasta el punto de lo cansador. Que el ocio está mejor condimentado con una agenda repleta, y que los momentos relajantes y solitarios se aprecian más cuando son menos frecuentes y eso hace que se valoren más.

Sin una conclusión elegante con la que cerrar, lo dejo en eso sencillamente. Ese es mi pensamiento reflexivo de hoy.