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El barco y la tormenta

Posted in Esas cosas que yo escribo, Textos with tags , , , , on 29 junio, 2013 by Remy Blas

El barco se deslizaba suavemente sobre aguas tranquilas y cristalinas. Todo iba bien y no podía quejarme, mi mano en el timón guiaba la nave con destreza y estaba orgulloso de mi éxito. Aunque habían ocasionales turbulencias, el viaje iba cada vez mejor. No podía quejarme.

Entonces levanté la vista y vi la primer nube. No me preocupé demasiado. El viento estaba a favor y el cielo despejado, una simple nube oscura no iba a influir en mi viaje. Sentí que la velocidad disminuía, pero no era un contratiempo tan grande, el barco seguía yendo hacia adelante con fuerza. Y aquella segunda nube no era nada de lo que preocuparse.

Comprendí la magnitud del peligro cuando un rayo cayó con fuerza en mi embarcación, partiendo el mástil principal al medio. El barco se agitó con fuerza y se desvió del trayecto. Me aferré al timón con todas mis fuerzas, tratando de devolverlo a su rumbo, pero no pude controlarlo.

La tormenta se había desatado de un momento al otro a mi alrededor sin darme tiempo a prepararme, y mi embarcación se caía a pedazos. Demasiado confiado por la calma en que mi viaje se estaba desarrollando, olvidé cómo conducir en medio de aquel peligro, y no sabía que hacer. Intenté por todos los medios salir de aquella situación, pero mis intentos eran infructuosos y parecían incluso llevarme hacia la peor parte de la tormenta, poniéndome en un peligro cada vez mayor.

El miedo me paralizaba pero mi orgullo me impedía soltar el timón. Testarudo, todavía quería guiar el barco esperando salvarlo. Yo, que lo había metido en medio de aquella catástrofe; yo, que no sabía cómo salir de la tormenta; yo, que no era más que un capitán de aguas calmas y tranquilas.

“¿Capitán?” me dije a mí mismo en un repentino momento de claridad mental. “Este puede ser tu barco pero no sabés conducirlo, ni conoces el camino. Dale el timón al verdadero Capitán.”

Me di vuelta y vi que ahí estaba Él, tranquilo y sonriente, calmo en medio de aquel desastre. No había dicho nada, observándome en silencio, esperando a que yo me diera cuenta de mi error, esperando a que soltara el timón y le dejará tomar control de mi embarcación. Sin juzgarme, sin presionarme y sin regañarme, porque sabía que no importa que tan profundo en la tormenta yo guiara el barco, Él podía sacarlo y llevarlo a salvo.

Comprendí mi increíble arrogancia al creer que yo podía guiar mi barco y olvidar que era el Capitán el único que podía llevarlo a su destino. Humilde, solté el timón dando un paso al costado y dejé que Él tomara el control.