Crónica de mis 10 horas en una terminal del interior

Sábado 1 de febrero

Después de una semana de vacaciones en Reta, tengo que viajar a Pinamar para pasar ahí otra semana de vacaciones. Parece simple pero durante ese día, casi nada sale como estaba planeado.

14:00 Acalorado y cargado con valija, mochila y termo, subo a la combi “La Primera Dorreguense” para marcharme de mi amado Balneario Reta, rumbo a Tres Arroyos y eventualmente, tras un viaje en micro, a Pinamar, donde comienza mi segunda semana de vacaciones.

15:00 La combi se detiene en las afueras de Copetonas y un micro para delante. Yo pensaba que la combi iba directo a Tres Arroyos, así que, desinformado de ese transbordo obligatorio, junto rápidamente mis cosas y paso de un vehículo a otro, dándome cuenta demasiado tarde que mis lentes de sol quedaron atrás, abandonados.

15:30 Llego a la terminal de Tres Arroyos, me instalo en un asiento, saco mi libro y me dispongo a soportar la que yo consideraba hasta ese momento como una larga espera, hasta la partida del micro a las 18:20.

17:00 Un par de sanguches de miga y una gaseosa componen un almuerzo tardio/merienda. Sigo leyendo y esperando.

18:00 Salgo al sector de los andenes a esperar la llegada del micro.

19:00 La tardanza del micro empieza a pasar de leve irritación a creciente preocupación.

19:40 Después de más de una hora de retraso, voy a la boletería de la empresa Rio Paraná a consultar si tanto retraso era normal. Me informan que ese micro ya pasó. Le digo que yo estoy ahí desde antes de las 4 de la tarde así que es imposible que haya pasado sin que lo vea. Insiste en que ya pasó. Yo insisto en que no. La discusión se pone tensa. No llegamos a nada. Pido un reembolso al menos y me niegan incluso eso. Tomo aire y contengo los impulsos de mi creciente ira. Averiguo en otra boletería precio y horario para otro micro a Pinamar. Es bastante más caro que el que ya perdí. Sale a la 1:30. Dudo. Me doy cuenta que no tengo otra opción. Compro.

20:00 Mi “larga” espera de 3 hs ahora se convirtió en una espera de 10 horas, de las que me quedan 5 y media por delante. Lucho por superar una rabia asesina y me pongo a analizar las opciones. Con bolso, mochila y termo no estoy en condiciones de salir a pasear cómodamente por Tres Arroyos, ni estoy de ánimo. Para colmo la batería de mi celular está por agotarse. Encuentro un enchufe, conecto el cargador y “acampo” en ese rincón.

21:00 Sigo acampado en mi rincón, ya descalzo y algo cómodo, y bastante más calmo después de que la bronca se enfriara un poco.

22:00 El micro que va de Reta a Buenos Aires para por unos minutos en la terminal de Tres Arroyos. Mi amigo Pato baja, le cuento mi situación y nos sentamos a tomar un café con leche. Después él vuelve a su micro y reanuda su viaje.

23:00 Instalado de vuelta en una silla del bar de la terminal, continuo mi rutina de lectura y espera. Mientras tanto, llamo mi compañía de celular para averiguar por que mi crédito se consume solo, aunque no lo use, y consigo dar de baja uno de esos planes de mensajes que sólo sirven para drenar el saldo. Una buena al menos.

0:00 Me avisan que el bar va a cerrar así que junto mis cosas y mudo mi improvisado campamento nómade al otro extremo de la terminal.

1:00 Termino de leer otro alucinante capítulo de A dance with dragons, de George R.R. Martin. En mi larga estadía en esa terminal adelante bastante del libro.

1:30 Llega el micro, despacho la valija y subo al sauna móvil de gente roncando en un ambiente de altos niveles de humedad y olor a encierro. El improvisado número 35 que me dieron resulta corresponder a un asiento de pasillo, donde un tipo duerme plácidamente. Asumiendo que el pobre idiota no sabe interpretar el significado de una P o una V junto al número del asiento, me dispongo a pasar al asiento 36, ventana, para lo que de todas formas tengo que despertarlo y pedirle permiso, tarea que resulta ser más difícil de lo que parecía.

2:00 Sucumbo al agotamiento y me entrego a los brazos de Morfeo, a un sueño incómodo e interrumpido, despertando ocasionalmente con sorpresa ante los bamboleos violentos del micro que parece a punto de volcar en cualquier momento. O a lo mejor es que yo ya espero cualquier cosa a esta altura.

5:00 Mar del Plata. Un chofer despierta al señor del asiento de al lado para recordarle que ya tiene que bajar. Mientras el micro sigue en marcha esperando en la terminal quien sabe a qué o quién para reanudar el viaje, aprovecho el asiento libre de la lado y me acomodo un poco mejor para seguir durmiendo.

7:00 Villa Gesell. Una señora ocupa el asiento vacante al lado mío así que tengo que volver a mi pose cuasi claustrofóbica. Aviso a mi amigo Gustavo por donde estoy, así me busca en la terminal.

8:00 Al fin, después de 18 hs de haber salido de Reta, llego a Pinamar.

9:00 Cama. Una cama de verdad, con colchón y almohada. Me desplomo sabiendo que no me queda mucho tiempo hasta que los demás se levanten, pero me dispongo a que al menos en un rato de descanso mis vértebras intenten acomodarse en su lugar tradicional.

Y así, al fin, termina por ahora mi odisea.

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